Por Leticia Pérez Saiz, Doctora en Neurociencias y responsable del área de Salud (Cluster 1 – Horizon Europe) en Kveloce
Las crisis sanitarias de los últimos años han dejado clara una lección: los desafíos de salud actuales —envejecimiento poblacional, enfermedades crónicas, resistencia antimicrobiana, impacto del cambio climático— no se resolverán con las herramientas de ayer. Necesitamos innovación constante, investigación robusta y una apuesta decidida por financiarla de manera sostenida.
Desde mi trabajo en el área de salud en Kveloce, especializada en el Cluster 1 de Horizon Europe, tengo una perspectiva privilegiada sobre el ecosistema de investigación europeo: las propuestas más innovadoras, los consorcios más ambiciosos y también las barreras que impiden que muchas ideas brillantes lleguen a materializarse. Y cada vez resulta más evidente la necesidad de reforzar decididamente nuestra apuesta por la I+D+i en salud para fortalecer nuestra capacidad de responder a las crisis sanitarias actuales y futuras.
El debate sobre inversión: una cuestión estratégica
Esta necesidad de reforzar la inversión no es solo una percepción desde el terreno. Recientemente, el Instituto de Salud Carlos III ha planteado una propuesta clara de cara al diseño del próximo Programa Marco europeo (FP10, que arrancará en 2028): aumentar el presupuesto del Cluster de Salud del 8,6% actual a un rango del 10-15%.
Esta petición no es solo una cuestión presupuestaria. Es un reconocimiento de que la presión sobre nuestros sistemas sanitarios está creciendo exponencialmente. El envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas, el cáncer, las enfermedades raras, la salud mental, la resistencia antimicrobiana… Cada uno de estos desafíos requiere no solo más recursos asistenciales, sino investigación que nos permita prevenir, diagnosticar mejor y tratar de forma más efectiva.
Pero no se trata solo de hacer más investigación. Se trata de hacer investigación que llegue realmente a los pacientes y a los sistemas sanitarios. Y ahí es donde aún tenemos mucho camino por recorrer.
Horizonte Europa: la apuesta actual y sus desafíos
Mientras esperamos el diseño de FP10, Horizon Europe continúa siendo nuestro principal instrumento de transformación sanitaria. El Cluster de Salud de Horizon Europe representa mucho más que un programa de financiación. Es una apuesta estratégica por la resiliencia sanitaria europea, por nuestra soberanía tecnológica y por garantizar que las innovaciones lleguen de forma equitativa a toda la ciudadanía.
El programa actual (2025-2027) se estructura en torno a tres grandes ejes: la transición verde del sector sanitario, la digitalización y el desarrollo de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial aplicada a salud, y la construcción de sistemas más resilientes e inclusivos. Estos ejes se traducen en seis áreas de financiación que van desde la prevención hasta el desarrollo de terapias avanzadas.
Sin embargo, la realidad del día a día muestra las dificultades reales: equipos clínicos brillantes que luchan con burocracia compleja, investigadores con ideas transformadoras que no consiguen construir el consorcio adecuado, y proyectos que desarrollan tecnologías impresionantes pero no logran implementarse en los hospitales.
En este contexto de creciente complejidad, emerge la necesidad de actores que faciliten estas conexiones. Para que los proyectos de investigación más prometedores lleguen a materializarse, primero deben atravesar procesos de selección cada vez más competitivos. Y aquí es donde el acompañamiento especializado cobra sentido: ayudar a traducir la excelencia científica en propuestas estratégicamente diseñadas, facilitar la construcción de equipos interdisciplinarios que realmente funcionen, y navegar la complejidad administrativa para maximizar las posibilidades de éxito. Porque tener una idea brillante no es suficiente; hay que saber presentarla de forma que conecte con las prioridades estratégicas del programa y demuestre su potencial de impacto. Y sin financiación, las mejores ideas se quedan en el papel.
La lección es clara: la excelencia científica no es suficiente si no va acompañada de una comprensión profunda del contexto en el que esa ciencia debe operar. Y esto nos lleva a un aspecto crucial que frecuentemente pasa desapercibido.
La dimensión social: el ingrediente que marca la diferencia
Porque desarrollar una nueva terapia o una tecnología diagnóstica innovadora es solo el principio. ¿Cómo la aceptarán los profesionales sanitarios? ¿Qué barreras encontrarán los pacientes para acceder a ella? ¿Cómo afectará de manera diferente a distintos grupos poblacionales? ¿Qué cambios organizativos se necesitan en los sistemas sanitarios para implementarla? ¿Cómo comunicamos sus beneficios de forma efectiva?
Aquí es donde la integración de las ciencias sociales y humanidades (SSH), una dimensión clave en la experiencia y estrategia de Kveloce, se vuelve fundamental. Demasiados proyectos técnicamente impecables fracasan en su implementación porque no consideraron aspectos sociales, culturales o económicos fundamentales. En contraste, aquellos que integran desde el inicio perspectivas sobre comportamiento humano, aceptabilidad social, equidad y comunicación efectiva, consiguen transformar realmente prácticas y políticas.
Esta dimensión interdisciplinaria, que combina ciencias biomédicas con ciencias sociales, que involucra a todos los actores relevantes desde el diseño del proyecto, que considera aspectos éticos, económicos y de equidad, es lo que marca la diferencia entre publicar papers y cambiar realidades.
El enfoque multi-actor de Horizon Europe va en esta dirección, y su implementación efectiva será determinante para el impacto real de los proyectos.
Una oportunidad para repensar el ecosistema
Todo esto cobra especial relevancia cuando pensamos en el futuro inmediato. El debate sobre el próximo Programa Marco (FP10) es una oportunidad para reflexionar sobre cómo construimos un ecosistema de investigación en salud que no solo genere conocimiento excelente, sino que facilite su traslación a impacto real. Un ecosistema donde la interdisciplinariedad sea estructural, donde los equipos clínicos puedan investigar sin obstáculos innecesarios, y donde la distancia entre el descubrimiento y su implementación sea cada vez más corta.
Construir este ecosistema es una responsabilidad compartida entre instituciones europeas y nacionales, centros de investigación, hospitales, industria y sociedad civil. Invertir en investigación en salud no es una opción, es una necesidad estratégica. Y hacerlo bien significa ir más allá de la financiación, hacia un espacio donde la ciencia más avanzada dialoga con la realidad social, donde la innovación tecnológica se encuentra con la comprensión profunda de cómo las personas viven, trabajan y cuidan de su salud.
Porque al final, se trata de vidas más sanas, más largas y con mayor calidad. Y esa es una apuesta que siempre merece la pena.





