Conseguir una ayuda del Consejo Europeo de Investigación (ERC) es, para muchos investigadores, un punto de inflexión. No solo por la financiación, sino por lo que implica en términos de independencia, estabilidad y proyección científica. Con la próxima convocatoria de Advanced Grant prevista para abrir el 28 de mayo, el interés por este tipo de ayudas vuelve a situarse en primer plano. Pero detrás de cada propuesta financiada hay un proceso menos visible, en el que la estrategia pesa tanto como la excelencia.
En este contexto, la reciente concesión de una ERC Consolidator Grant 2025 a Beatriz Seoane Bartolomé, profesora del Departamento de Física Teórica de la Universidad Complutense de Madrid, ilustra bien lo que supone este tipo de reconocimiento. Las Consolidator Grants, dirigidas a personal investigador con entre 7 y 12 años de experiencia, cuentan con una financiación de hasta 2 millones de euros durante cinco años y se sitúan entre las ayudas más competitivas a nivel europeo.
El proyecto que desarrollará, Beyond Maximum Entropy: A new paradigm for Modeling, Inference, and Learning Efficiency (BeME), se enmarca en el emergente campo de la física de redes neuronales y propone un nuevo enfoque para modelizar y entender sistemas complejos. Pero más allá del contenido científico, su experiencia permite entender mejor qué hay detrás de una propuesta ERC financiada.
Y es que, en este caso, el reto no estaba tanto en la idea, que ya era sólida, como en la forma de construir la propuesta. La exigencia del ERC obliga a ir más allá de describir un proyecto: hay que posicionarlo, hacerlo ambicioso y, sobre todo, creíble. Y eso no siempre es sencillo. De hecho, una de las principales dificultades tiene que ver con el propio lenguaje: transmitir el carácter transformador de la investigación. “La barrera más grande es escribirlo de manera tan grandilocuente”, reconoce.
Es precisamente en ese punto donde el acompañamiento externo adquiere valor. En su caso, la revisión estratégica realizada por Kveloce supuso un cambio significativo en la propuesta, no tanto en el contenido científico como en su estructura y forma de presentación. Como explica, el documento “cambió mucho” tras la revisión, incorporando una lógica más clara y diferenciando mejor los elementos clave.
Más allá de ajustes puntuales, lo relevante fue el cambio de enfoque: una manera distinta de construir la narrativa, más directa y alineada con lo que evalúan los paneles. “Su manera de venderlo era claramente mucho más vendible que la que había escrito yo”, resume, poniendo el foco en uno de los aspectos más determinantes en ERC: cómo se comunica la excelencia.
Además, el proceso de revisión le permitió abordar elementos que suelen generar más incertidumbre, como la estructuración de contenidos o la forma de presentar riesgos, aspectos que, en sus palabras, “no sabemos muy bien cómo escribir normalmente los investigadores”.
El trabajo no se limitó a la propuesta escrita. La preparación incluyó también un simulacro de entrevista, una fase clave en ERC. Aunque su utilidad fue más limitada en comparación con la revisión, especialmente por la dificultad de reproducir el nivel de especialización de un panel real, sí permitió ensayar el discurso y trabajar aspectos formales de la presentación.
La preparación de la entrevista formó también parte del proceso. Este tipo de simulacros permite trabajar aspectos clave como la claridad en la exposición, la capacidad de síntesis y la seguridad al defender el proyecto ante evaluadores, acercando al investigador a las condiciones reales de evaluación y permitiéndole anticipar posibles preguntas del panel. En su caso, sirvió para ensayar el discurso, identificar posibles puntos débiles y ganar soltura en una fase especialmente exigente del proceso ERC.
En cualquier caso, más allá de la entrevista, el verdadero peso del proceso ERC sigue estando en el trabajo previo. Es en la construcción de la propuesta donde se define si una candidatura consigue destacar en un entorno altamente competitivo, donde la excelencia científica se da por supuesta y la diferencia está en cómo se articula.
El impacto de la ERC, además, se empieza a notar incluso antes de que el proyecto arranque. En su caso, la concesión ha supuesto un cambio inmediato en su posicionamiento dentro del sistema científico, con nuevas oportunidades profesionales que no esperaba. “Que me ofrezcan plazas en varios sitios… eso no me lo esperaba”, señala.
Su experiencia deja una conclusión clara: en convocatorias como el ERC, la diferencia no está solo en la calidad de la investigación, sino en la capacidad de convertirla en una propuesta sólida, clara y bien posicionada. Y en ese proceso, contar con una mirada externa puede ser determinante. Como ella misma reconoce, “hace falta que alguien externo te diga cómo escribir eso”.




